De la depresión a la tranquilidad.

de la depresión a la tranquilidad Anna Peñafort

 

Mucho se habla de la depresión últimamente. Algunos, han popularizado esta palabra para usarla casi como un signo de puntuación. Que depresión madrugar, que depresión la lluvia (pero también el calor), que depresión no tener novio/a, no tener nada que hacer y otras expresiones más.

Sin embargo, poca profundidad se le da a esta palabra en algunas ocasiones.

Empiezo contándoles que no soy experta en el tema. Y siempre les sugiero consultar a un experto que podrá estudiar su caso en detalle y darles mucha luz sobre su proceso.

También les cuento que soy casada con un hombre amoroso, tengo 29 años, una vida tranquila y cómoda, excelente relación con mis padres, una familia pendiente y dedicada, dos perros que me llenan de amor, gozo de buena salud, tengo buenos amigos, un trabajo como profesora en dos universidades (que me llena de luz), una empresa de mercadeo (que amo generalmente excepto en los temas contables y de impuestos), y tengo la posibilidad de disfrutar ciertos espacios en el mundo de la moda. Todo este contexto fue uno de los primeros problemas. Si mi vida era tan “perfecta”, ¿Qué derecho tenia a deprimirme? En un proceso de auto-análisis, lagrimas, falta de energía y poca tolerancia a la situación, tuve que aceptarme a mí misma que las cosas no estaban tan bien.

de la depresión a la tranquilidad Anna Peñafort

Foto: Andrés Anfassa

Gracias a Dios, en medio de la incertidumbre y la falta de respuestas generales, tenía tres cosas claras:

  1. No había perdido el amor por la vida. Entendí que esto era una gran bendición porque es uno de los síntomas más fuertes y peligrosos de la depresión. Sabía que las cosas tenían que cambiar, pero no había dejado de querer vivir. Amo la vida y sus pequeños detalles.
  2. Sabía que iba a renacer. Sin la certeza de saber en cuanto tiempo, sabía que en algún momento iba a renacer entre las cenizas. Con fuerza. Pensaba que ese tiempo era diciembre, y diciembre pasó. Pensé que era enero con el año nuevo, y este mes también pasó. En febrero pensé que no importaba el mes: iba a pasar.
  3. Siempre sentí a Dios conmigo. No porque las cosas fueran mágicas y perfectas, sino porque lo sentía con su mano en mi hombro. Sabía que no me iba a dar todas las respuestas ni que iba a hacer mi camino fácil. Pero ahí estaba conmigo. Incluso a veces le decía que, hacia los chistes más irónicos del mundo, cuando pedía una cosa y me daba una situación contraria a la que pensaba. Pero aprendía exactamente lo que pedí, así estuviera llorando.

Así fue como yo, que siempre he sabido que hacer, no tenía ni idea que hacer. Las señales de alerta no siempre son claras. En mi caso estaban los excesos con la comida. Una clara señal de auto sabotaje y una forma de lastimarme. ¡Y la auto exigencia! ¡Dios! Aun no entiendo cómo ni por qué era tan dura conmigo misma.

Y empezaron a pasar unos días en que no quería pararme de mi cama, no tenía energía para hacer nada, las cosas que más me gustaban me costaban muchísimo trabajo. Hacía lo que me tocaba y cumplía con mi trabajo. Pero lloraba sin razón y de manera constante, y no veía el propósito de hacer muchas cosas. Y empezaron más excesos, incluso los de carácter, de discusiones con amigos, de alejarme de personas importantes, de cambiar. Yo no era la misma persona. Duele un poco pensar en que la palabra “incondicionalidad” no es tan fuerte en algunas relaciones. La incondicionalidad era haber preguntado si algo me pasaba, si algo no estaba bien. Más allá del ego y del orgullo ver que ese cambio de estado de ánimo, tal vez era una señal que necesitaba a alguien. Y de los numerosos amigos, quedaron algunos.

de la depresión a la tranquilidad Anna Peñafort

Foto: Andrés Anfassa

Decidí que tenía que hacer algo. Tomar una decisión. No sabía cuál, pero algo tenía que pasar. Y en ese momento en que era enero, y empezaba febrero, y las cosas no cambiaban, algo me decía que las cosas con la salud de mi papá no estaban bien. Y así fue. Empezamos un proceso médico de exámenes, consultas y demás, continuando una cirugía que se complicaría y terminaría en cuidados intensivos y un mes en el hospital. Y todo se detuvo.

Empezaron las palabras de los médicos: 24 horas críticas, 48 horas críticas, no sabemos qué va a pasar, esperemos lo mejor. Gracias a Dios, tuvimos el mejor equipo médico. A pesar de eso, mi día se redujo a horas, y me era imposible pensar en un tiempo más allá de hoy o mañana. La gente me hablaba de 15 días y me parecía que estuvieran hablando de décadas. Todo mi amor con mi papá y, sin embargo, todo fuera de mis manos. No había absolutamente nada que pudiera hacer. Mi única opción era confiar, y concentrarme en las tareas que traían los días. Eso sí, los dos momentos en que podía verlo eran el motivo para despertarme y funcionar. No les puedo describir lo que era poder poner mi mano en su frente y sentir que estaba tibio o poner la mano en su corazón y sentirlo palpitar. Mi día giraba alrededor de ese momento. Hubo momentos milagrosos y otros profundamente dolorosos. Mi familia siempre incondicional, fuerte, unida y acompañándonos. Mi hermana encargada de unas tareas y yo de otras, mi mamá conteniéndonos a las dos y pendientes de nuestro bienestar. Mi esposo comprensivo, amoroso, prudente. Mis tíos y primos todos en su dolor, pero con nosotras. Y de los amigos que habían quedado antes, quedaron muchos menos. ¡Pero qué calidad de amigos los que quedaron! Cada uno hace por 20.

Pero la vida sigue y tuve que volver a trabajar mientras iba de un lado a otro para alcanzar a llegar a la hora de la visita. Mis estudiantes este semestre, fueron escogidos por Dios. Cada uno desde su prudencia, sus mensajes, su comprensión, su silencio, su amabilidad, su espontaneidad, su forma de decir las cosas más locas del mundo y hacerme reír. Ir a clase es mi terapia.  Ojalá tenga la bendición de ser profesora toda la vida.

De manera irónica, en ese momento de profunda debilidad, estaba más fuerte que nunca. Creo que estaba lista para cualquier noticia, en cualquier aspecto de mi vida y sabía que lo podría superar con el tiempo. Mi papá me dice que siente que me recargó con muchas cosas. Sin embargo, pude ver con mis ojos las múltiples bendiciones y la mano de Dios más firme que nunca.

Poco a poco los días siguieron pasando, y este proceso se volvió la mejor excusa para recuperarme y volver a empezar. Quise volver a escribir, a hablar con algunos clientes de la empresa, hacer ejercicio, a poner las cosas en orden. La vida misma hizo que pusiera cosas en perspectiva y temas que eran súper importantes, dejaron de serlo. Y me empecé a sentir más humana que nunca, con toda la imperfección y mortalidad que puede haber en esa palabra.

En uno de esos días de crisis, hablé con mi mamá y con mi esposo. Les dije que necesitaba que ellos tomaran cartas en el asunto y me ayudaran a salir de la depresión. Lloré, grité y dije como me sentía. Pedí ayuda. Mi mayor frustración era sentirme enferma pero no verme enferma. Pensaba que la gente no iba a tomar las cosas en serio porque la depresión es algo que está “en la mente” o “es decisión de uno”. Pensaba cuan fácil podría ser si la depresión se manifestara en un brazo, o en un resultado de examen para que la gente entendiera. Fui al médico a revisar que las cosas estuvieran bien, y empecé a hacer pequeños ajustes. Volví a hacer deporte y a tenerme paciencia si los cambios no eran radicales o del cielo a la tierra. Mi familia reaccionó y me escuchó. Cada uno empezó a cambiar cosas que les pedí en un momento en que tenía que pensar en mí. Acepté que algunos de mis amigos se fueron (probablemente por mi culpa). Me sentí con los pies en la tierra y empezando a valorar cosas que realmente son importantes. Entendí un poco más la palabra incondicionalidad y espero poder actuar acorde en la vida de las personas a mi alrededor.

Un día llegué a la clínica, y mi papá estaba sentado. Ese recuerdo lo tengo como en cámara lenta. Me miró y me dijo: amor de mi corazón. Creo que es uno de los recuerdos más lindos y especiales que tengo. Y fue un paso gigante al camino hacia la tranquilidad.

Y si, los días están contados para cada uno de nosotros. Por eso, a pesar que lo que viene no es ni un poco sencillo, trabajaré para ser una mejor versión de mí misma, y para disfrutarla completamente.

Si quieres conocer un poco más de mi historia, puedes leer este artículo.

de la depresión a la tranquilidad Anna Peñafort

Foto: Andrés Anfassa – Backstage 🙂

Creo que hubo momentos clave en el tema:

  1. Aceptar que las cosas no son perfectas ni están en nuestro control siempre. Esto incluye darse un break si uno está bajito de ánimo, no tiene energía, o no quiere estar en algunas situaciones. (Si esto es permanente, hay que buscar ayuda).
  2. Tengámonos paciencia. Nada más deprimente que esas metas inalcanzables y tristes que no vamos a alcanzar y que nos van a hacer sentir el fracaso. ¿Empezar a hacer ejercicio 6 días a la semana y no pecar nunca? Maybe not. Las metas deben ser exigentes, pero realistas. Llenarnos de cosas no alcanzadas es igual a empezar un proceso de sentimientos encontrados. Aprendamos y disfrutemos el camino. Si nos equivocamos, pues a sacudirse y a volver a empezar.
  3. Nuestro estado de ánimo, nuestros pensamientos, nuestras debilidades, no pueden ser motivo de vergüenza ni algo que debemos ocultar. ¡OBVIO! Hay que escoger a quien hablarle y en eso debemos ser más inteligentes que nunca. Pero sentirnos tristes un día, dos o tres, un mes o dos, es algo que no debe darnos pena. Es mejor asumirlo, que fingir una felicidad absurda (que realmente nadie se cree).
  4. Debemos pedir ayuda. Y no hablo cuando el tema sea extremo. Hablo de pedir ayuda oportuna. Recuerdo cuando me dijeron que tenía hipotiroidismo. Uno de los síntomas es que me sentía completamente agotada, siempre. Cualquiera me hubiera dicho alguna cosa extraña. Mi mamá me aconsejó empezar con el tema médico primero. No se imaginan lo que una hormona más (mis términos médicos) o algún químico natural extra en nuestros cuerpos puede afectar positiva o negativamente nuestro estado de ánimo. Y ni hablar del tema psicológico o psiquiátrico. Usted no va a esa consulta porque esté “loco”. Si necesita ayuda, vaya donde gente capacitada para ayudarlo. Cuando una empresa está en problemas, busca asesores, capacitaciones, y hace mil procesos. Y, ¿usted cree que está malo buscar a alguien que lo oriente? No way! Sin miedo, sin dudas, hágalo. Sea médico, espiritual, o lo que crea que le va a ayudar.
  5. Tome decisiones. De pronto no todas de una. Probablemente no tome las decisiones más trascendentales en el momento. Pero decisiones que lo hagan feliz. ¿Siempre quiso aprender a cocinar, bailar, o un idioma? Arriésguese. ¿Por qué no? En mi caso empecé a hacer ejercicio para disfrutarlo, y a levantarme todos los días a la misma hora. Me dí un día a la semana para consentirme y empecé a tomar más agua. ¿Milagroso? Para nada. Pero si me dio un poco de ilusión hacer cosas para mí.

 

De cualquier manera, la vida es increíble e irónicamente hermosa. Perfecta. Diseñada para usted. Diseñada para mí. Custom made. Aprender a disfrutar de lo amargo, lo dulce, lo acido, lo salado, es fundamental. A veces se necesita un break, una crisis, algo distinto, que revuelque el mundo y nos haga ser nuestra versión 2.0. Y así estoy yo: construyéndome.

 

Gracias por leerme y por comentar.

Realmente, gracias.

Love,

Anna.

 


Estratega de mercadeo y negocios con 8 años de experiencia apoyando empresas pequeñas y medianas para alcanzar sus objetivos de crecimiento. Soy profesional en Mercadeo y Negocios Internacionales y tengo un MBA con enfoque en Gerencia Estratégica. He estudiado Styling y Diseño de Accesorios de Lujo en Italia, Liderazgo en Estados Unidos y Servicio al Cliente en Chile. Autora en la actualidad del blog Anna Peñafort en donde abordo temas de moda y estilo de vida, con un enfoque para lectores que quieran un punto de vista de alguien que investiga, prueba, explora y con quien se puedan relacionar.

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  1. Lyda Celis

    16 abril

    Que palabras más reales a un sentimiento que no tiene explicación, Depresión dolor que me lleva de la mano y no me permite disfrutar, yo en este momento me cuestiono el todo por el todo de mi vida, el por qué le di tanto espacio a otros para decidir sobre mi vida y en esos momentos de infinita soledad y meditación logré ver que a mis casi 40 años nunca tuve el control y que muchas veces acepto los continuos​ ataques a mi manera de pensar, de hablar, de mirar, de sentir y hasta de vivir solo buscando esa aceptación que se resume en una expresión mínima de amor o cariño, como el de las relaciones en las que se mendiga amor y que se sabe nunca se va a recibir. Depresión sentimiento que me acompaña y que no he tenido el valor de afrontar, cuando lo hablo a mi familia o a esos seres queridos que me rodean me miran con su habitual cara de ” ahora después de vieja le dió por esas bobadas……”

    • Mi querida Lyda, La maravilla de tener 40 y haber vivido lo que me cuentas es que ya tienes criterio y argumentos para decidir, para decir “no más”, para alejarte de las personas que son tóxicas para ti. Siempre te recomendaré buscar apoyo profesional, para revisar el tema médico y psicológico. Y la fuerza espiritual que te encenderá una luz en cualquier oscuridad. No importa lo que pasó atrás en cuanto a si decidiste una cosa u otra. Lo importante es lo que hagas de aquí en adelante. No creas que hablo de cambios radicales solamente (a veces no nos da la energía) si no de pequeños pasos hacia adelante. Disfruta los sabores de la vida.
      PS: ¡Quien dijo que a los 40 uno es viejo! Al contrario! Me parece una edad interesantísima.

    • Lorena Caicedo

      17 abril

      Hola Ani admiro tu calma tu espontaneidad y tu entereza con todo este tema de tu papá, me
      Encanto todo lo que escribiste así que me acabo de nombrar tu seguidora y fan gracias por compartirlo un abrazo desde Bogotá de tu prima Lorena

  2. Yuliana

    17 abril

    Genial la fotma como describes y explicas algo tan complicado como la depresion, espero todo siga mejorando en tu vida, un gran abrazo

    • Yuliana,
      Gracias por tu comentario. Me alegra que el mensaje se transmita de manera clara y con comentarios como los tuyos, seguiré haciendo mi mejor esfuerzo. Un abrazo!

  3. Victoria G

    17 abril

    Me encanto ❤️🙏🏼
    Fuerza y amor infinito para tu proceso…sentí que leía mi historia 😢

    • Victoria! Mil gracias ! Si sentiste que era tu historia, prepárate para tu versión 2.0 De la crisis la oportunidad de crecer y cambiar. Por supuesto no es fácil, pero es un camino empinado y bello al mismo tiempo. Un abrazo!

  4. Tamilo Burgos

    17 abril

    Wow! sentí que me hablas directamente en este momento donde me encuentro pasando por una situación similar, Gracias por compartir tu experiencia y por esos últimos consejos.

    Sos increíble, y gracias a Dios tu padre se encuentra mucho mejor.

    • Tami !
      Gracias a Dios está mejor. Y la crisis fue la oportunidad en donde sentí un impulso más fuerte. Así que, mi querido, lo que viene en tu vida será una bendición. Un abrazo!

  5. Victoria

    17 abril

    Gracias Anna , un escrito desde el corazón y con la cabeza. Estoy segura que lo que escribes ayudará a muchas personas .no dejes de hacerlo .

    • Estimada Victoria, Gracias por tu mensaje. Realmente si fue desde el corazón ! Y con la cabeza. Espero haber transmitido un buen mensaje. Un abrazo!

  6. Nury Berrio

    17 abril

    Muy buen articulo Anita, aunque no lo creas me has ayudado a ver hoy, de nuevo, ese sentimiento enorme de felicidad por enseñar que alguna vez senti y me dio nostalgia. Tratare de recuperarlo, tus palabras me hacen buscar de nuevo en mi el ánimo para continuar.

    • Querida Nury, Enseñar es terapia! Así seamos nosotros los que proponemos temas, los estudiantes le enseñan a uno tanto! Es la profesión en donde se trabaja con lo mejor del ser humano. Te recuerdo mucho. Y sé que has inspirado a muchos de tus estudiantes. Un abrazo!

  7. Nayath Fragozo

    17 abril

    Increíble, resume cada paso que viví. No puede estar mejor explicado. Saludos

    • Nayath! Gracias por tu mensaje tan bonito. Espero que estés en un momento de luz (o de búsqueda de luz) y que se ilumine tu camino. Un abrazo!

  8. Annie Quiñones

    17 abril

    Esto es tan real!!!
    Nos han vendido un mundo “perfecto” y que así necesitamos ser para poder encajar, así que nos concentramos en eso y olvidamos nuestra verdadera razón de ser y pasamos por momentos tan charros!
    Lo bonito de esas situaciones es que las miles de veces que he pasado por eso, Dios y mi familia han estado ahí. Todos taaan incondicionales!!!
    Un abrazo!

    • Annie! Que bonito comentario. Mil gracias por compartir también tu experiencia. Hemos pensado que el termino “humanidad” es algo particular, pero que nuestra vida debe ser perfecta. Y ¡NO! No debemos nada. Podemos, por ejemplo, escoger vivir con nuestras imperfecciones, aprender a aceptarlas y buscar mejorarlas. Aceptar la humanidad no es llenarnos de pereza y no hacer nada.
      Que bendición que sientas a Dios contigo! El siempre está. Un abrazo!

  9. Carolina

    18 abril

    Hola buenos dias me encanto ‘!! Me siento identificada en muchas cosas en este momento estoy pasando por un momento difícil sin empleo y mil cosas por resolver económicamente hablando pero veo una luz al final del camino gracias por compartir tu historia .
    Quisiera salir de esta depresión que aveces no permite que me fluyan ideas nuevas y de que me den ganas de pararme de la cama .

  10. Catherine Sánchez López

    19 abril

    Anna… en este momento de la vida me siento plenamente identificada con la situación que viviste, tengo una familia que siempre me apoya, pero siento que todo se estanca y no avanzo… siento que estoy en ese momento de buscar ayuda y de reinventarme… a veces no es sencillo aceptar que las cosas no son como uno quiere y no se por donde empezar… Creo que tus palabras son un paso para reconocer esta crisis. Mil Gracias Anna.

  11. patricia echeverry duran

    19 abril

    Lei todo el articulo. Bonito ver la parte humana de una persona, hay momentos dificiles, y felices. Bueno un desahogo , aveces hace falta.
    Recuerda siempre lo bonito de la vidam

  12. Cristina Peñafort

    23 mayo

    Anita: Eres una bendición, auténticamente. Has pasado estas pruebas y vienen otras. Las anteriores fortalecen para las que siguen. Sabrás salir de todas, con la ayuda de Dios y de María Santísima. Así vas creciendo en sabiduría, en amor, en ternura, en comprensión, en humanidad y en espiritualidad y por lo tanto, en entusiasmo. Todo para el servicio de Dios y para el servicio a los hermanos humanos y para la creación. Todo tiene sentido. Confiar y obrar, Anita, como lo estás aprendiendo a hacer. Love you.

  13. alida

    11 mayo

    Me encantó, Gracias por compartir!!

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